
Eneas [1], el más valeroso de los
héroes troyanos después de Héctor, hijo de Anquises y de la diosa Afrodita,
demostró gran valor durante la guerra de Troya; luchó contra Aquiles e Idomeneo,
fue herido por Diomedes y mató a Cretón y Orsíloco. Se distinguió igualmente en
el ataque al campamento aqueo, y más tarde protagonizó una gran matanza entre
los griegos. En la Ilíada su última
intervención lo sitúa en clara desventaja ante el poderoso Aquiles, quien lo
hubiera matado de no ser por la intervención de Posidón, salvándolo, pues “el
destino suyo es eludir la muerte” [2].
La
épica griega arcaica establece dos versiones sobre su salida de Troya. Según Lesques[3], Eneas y su mujer
Andrómaca son apresados por el hijo de Aquiles, Neoptólemo, y llevados cautivos
a Farsalia, recobrando la libertad en Delfos tras la muerte de Neoptólemo por
Orestes. De otra parte el relato de Arctino, en el que se basa Virgilio, nos
cuenta cómo Eneas logra escapar, huyendo justo en el momento en que es tomada
la parte baja de la ciudad, recogiendo de los santuarios los objetos sagrados y
el Paladión, “y cargándoselos, se los llevó de la ciudad y llegó a Italia con
ellos” [4].
Lo
cierto es que ya en las narraciones épicas Eneas aparece como un héroe
protegido por los dioses, a los cuales obedece respetuosamente, marcado para un
glorioso destino, pues en él descansa la suerte futura de la raza troyana y se
asienta el origen divino del Imperio Romano [5]. Siguiendo el texto de la Iliupersis Licofrón alaba la piedad de
Eneas, por salvar las imágenes de los dioses y a su padre, dejando atrás a su
propio hijo, a su esposa, y otras riquezas:
“Y, tras alzar un
templo para Mindia Palénide, pondrá en él las imágenes de sus dioses paternos;
a los que hijos y esposa pospondrá y el restante patrimonio opulento, pues las
escogerá, como a su propio padre, y envolverá en sus ropas cuando, al sortearse
todos los bienes de mi patria los belicosos canes, a él solo elección dejen
para llevarse aquello que de su casa quiera. Por lo cual piadosísimo será
considerado aun por sus enemigos; y fundará un país rico, que más famoso será
que otro ninguno por las proezas guerreras de los tras él nacidos” [6].
Algunos
poetas presentaban a Eneas ausente de Frigia cuando cayó la ciudad, siendo
perdonado por los griegos, que permitieron su huída por haber sido siempre
partidario de la paz y de la devolución de Helena [7].
“Eneas emprendió la
fuga con su padre sobre los hombros, y los helenos lo dejaron en paz por su
piedad. [...] Tras masacrar a los troyanos, prendieron fuego a la ciudad y
partieron los despojos” [8].
Otros
dicen que participó en los últimos combates, asumiendo en la defensa de Troya
el papel del desaparecido Héctor hasta que Ilión fue consimida presa de las
llamas. Lo cierto es que su importancia crecerá todavía más después de la caída
de la fortaleza: a instancias de su
madre Afrodita, toma en hombros a su padre y, acompañado por su hijo Ascanio,
huye del incendio de Troya amparado por la oscuridad de la noche. Esta escena,
que aparece ya en cerámicas de fines del Arcaísmo y en gemas de los siglos VI y
V a.C., se convertirá en la imagen más característica del héroe, inmortalizada magistralmente
por Virgilio:
“Deja de hablar. Ya
se percibe más inteso el crepitar del fuego por la ciudad y las llamas van
rodando más cerca su ardiente borbollón. “Ea, padre querido, monta sobre mi
cuello. Te sostendré en mis hombros. No va a agobiarme el peso de esta carga. Y
pase lo que pase, uno ha de ser el riesgo, una la salvación para los dos. Que a
mi lado venga el pequeño Julo y que mi esposa vaya siguiendo aparte nuestros
pasos. Vosotros, mis criados, advertid lo que os digo: Hay al salir de la
ciudad un cerro y un antiguo santuario de Ceres abandonado ya y hay cerca de él
un vetusto ciprés que por veneración de nuestros padres se conserva de largo
tiempo atrás. Todos nos juntaremos allí, cada cual por su lado. Toma en tus
manos, padre, los objetos sagrados y los Penates patrios. A mí, recién salido
de tan horrenda lucha y mortandad, no me está permitido poner mi mano en ellos
hasta que no me lave en agua viva”. Diciendo así, sobre mis anchos hombros y mi
cuello que humillo extiendo la piel fulva de un león y me inclino a recibir el
peso” [9].
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Gemas griegas de los ss. VIII-VI a.C.
Eneas lleva en hombros a su padre Anquises, mientras su hijo Ascanio le da la mano. Capital iluminada de un Virgilio (Roma, 1483-1485)
Higinio
menciona el episodio de Eneas como uno de los grandes ejemplos de piedad
filial, junto con la leyenda de los piadosos sicilianos que salvaron a sus
padres del fuego:
“En Sicilia, cuando
el monte Etna comenzó a arder por primera vez, Damón salvó a su madre del
fuego; igualmente Fintia salvó a su padre. En Ilión también Eneas rescató del
incendio a su padre Anquises llevándolo en hombros y a su hijo Ascanio” [10].
La
leyenda de estos héroes sicilianos parece que era ya conocida en época
helenística, pues Licurgo refiere una historia similar de cierto joven
siciliano que salvó a su anciano padre [11]. Más cargada de fantasía
es la versión que nos ofrece el cordobés Lucio Anneo Séneca en el diálogo De los beneficios, donde amonesta a los
hijos a no ser perezosos para honrar a sus padres, al tiempo que les invita a
comportarse como Eneas, que ofreció más beneficios a su padre que los que
recibió de él.
“Venció en
beneficios Eneas a su padre, porque si éste le truxo en sus braços, quando por
ser niño, era peso ligero y seguro, él le llevó en los suyos, quando con la
vejez estava muy pesado, passando por medio del fuego, y de los esquadrones
enemigos, y por las ruinas de la ciudad, que cerca dél caían; y quando por
averse abraçado el religioso viejo con las riquezas de sus penates, hizo fuesse
más pesada la carga, atravesando con su padre por medio de las llamas. Qué no
puede la piedad? Pássalo, para que después fuesse reverenciado entre los
fundadores del Imperio Romano. También vencieron a sus padres los mancebos
Sicilianos, quando aviendo el monte Etna, movido de mayor fuerça, derramado su
incendio en los campos, y en las ciudades, y en la mayor parte de la isla,
sacaron sobre sus hombros a sus padres. Tiénese por cosa cierta, que se detuvo
el fuego, y que dividiéndose en incendio a una y otra parte, se abrió una
senda, por la qual passaron los piadosos mancebos, para que con seguridad
emprendiessen tan grande hazaña” [12].
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La Eneida de Virgilio. Manuscrito iluminado por Guglielmo Giraldi (Italia, 1458)
Ovidio
sigue la tradición de Virgilio [13], pero Claudio Eliano,
siguiendo a Jenofonte [14], nos ofrecerá una versión
divergente, atribuyendo una actitud benevolente a los griegos frente a los
vencidos [15]:
“Sin embargo, el
destino no permite que sea destruida la esperanza de Troya también junto con
sus murallas; y lleva al héroe Citereo sobre sus hombros los objetos sagrados,
y su padre, carga venerable. De entre tantas riquezas el piadoso elige aquel
botín y a su Ascanio y con su prófuga escuadra es transportado a través de la
llanura marina desde Antandro y abandona los criminales umbrales de los tracios
y la tierra que rezuma de sangre de Polidoro” [16].
“Cuando Troya fue
capturada, los aqueos se compadecieron de la suerte de los prisioneros e
hicieron esta proclama típicamente griega: cada uno de los hombres libres
tendrá derecho a llevarse consigo una de sus propiedades, la que quiera. Eneas
cogió a sus dioses patrios y se los llevó, despreciando todo lo demás. Los griegos,
encantados con el acto de piedad de aquel hombre, le concedieron permiso para
que cogiera una segunda propiedad. Éste cargó sobre sus hombros a su padre, que
era muy anciano, y se lo llevó consigo. No menos admirados por este gesto, le
dejaron todas sus propiedades, reconociendo que, ante hombres piadosos que se
conducen con respeto a los dioses y a sus parientes, incluso los enemigos
naturales se vuelven civilizados” [17].
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La
imagen de Eneas llevando en hombros a su padre se esculpe para el Foro de Augusto y aparece en monedas, como
las sicilianas de Segesta, del siglo III a.C., los denarios de plata de Julio
César, acuñados entre los años 48 y 46 a.C., en algunas monedas troyanas
acuñadas en época de Flaviano (69-96 d.C.) y en monedas de Adriano (117-138) y
Marco Aurelio (161-180), por citar algunos ejemplos, siendo tan amplia su
difusión que será inmediatamente recuperada en el Renacimiento [18].
Du
Choul da noticias de dos monedas romanas acuñadas en alabanza a la piedad
filial, una de ellas por el cónsul sufecto Marco Herenio Piceno, y otra por
Julio César; mientras que Juan de Orozco y Covarrubias señala que la piedad
demostrada por Antonino Pío quedó bien reflejada en una moneda en cuyo reverso
se dibujaba la figura de Eneas, noticia que recoge más tarde Cesare Ripa:
“Tras la Piedad y
reverençia de la religión, hablemos de la que se tuvo a los padres, que nos
muestran las medallas de Marco Herennio que lleva a su padre a cuestas. Y en
las de Çesar lleva Eneas a su padre Anchises a cuestas, y en su mano el
Paladión de Troya, que hizo dexir a Virgilio, At pius Aeneas” [19].
“Antonino traýa en
el reverso de una medalla suya la figura de Eneas que llevava a su padre en
ombros, y a su hijo de la mano mostrando la piedad de que se preciava, conforme
al nombre que tuvo de Pio, y a lo que usava con su suegro [20] quando yva al Senado,
llevándole de la mano, y passándole en braços en los passos para él
dificultosos” [21].
“Los Antiguos
Romanos, para reproducir el símbolo de la Piedad, cuando quisieron representar
la correspondiente a M. Antonino Pío, mandaron que se grabara en su medalla una
imagen de Eneas, llevando de la mano a Ascanio, su hijo pequeño, y cargando
además a su padre Anquises sobre los hombros, Piedad que ya exaltó Virgilio en
el lib. ii de la Eneida, destacándola
Alciato en el CXCIV de sus Emblemas” [22].

Guillaume Du Choul [1579: 136]
Posiblemente
Antonino Agustín, a la hora de explicar el simbolismo de una moneda de Sexto
Pompeyo Magno Pío, tiene en mente, más que los episodios de Damón y Fintia
narrados por Higinio, la leyenda de los hermanos Anfinomo y Anapo:
“Es mucho de notar
lo que hai en medallas de Sexto Pompeio hijo de Cneo Pompeio el Magno, en cuyas
medallas se dize Magnus Pius Praefectus
Classis et Orae Maritimae. Pone una figura de su padre en hábito del dios
Netuno, y dos mancebos desnudos uno de cada lado; el uno tiene un viejo sentado
sobre sus hombros que con la mano señala el camino, el otro trahe una muger muy
asida y temerosa que muestra gran miedo y gran dolor. Qué tiene esto que ver
con la Piedad y con Pompeio?. Yo lo diré. Estos mancebos son dos Sicilianos
naturales de Catania, los quales en un gran fuego de los que suele padecer
aquella ciudad por la vezindad del monte Etna, que agora se dize Mongibel,
sacaron a su padre y a su madre del peligro sacando otros sus riquezas
acuestas. Esto fue muy alabado en aquellos tiempos, y tan estimado como lo de
Eneas que sacó a Anchises de Troia por lo qual también se llamó Pius Aeneas. De los nombres y alabanças
de los dos mancebos sýmbolo de la Piedad se halla mención en una obra que se
dize ser de Cornelio Severo y se le atribuye a Vergilio intitulada Etna, y en Claudiano y en otros más
antiguos. El hijo de Pompeio por adulación de sus soldados fue dicho hijo de
Netuno, y llamose Pío por proseguir la vengança de la muerte de su padre, y
porque Metelo Pío Scipión fue padre de su madre Cornelia, y para notar esta su
piedad no quiso poner al hijo de Anchises por no hazer honra a la familia Julia
que eran sus enemigos, sino tomó de Sicilia, donde él estuvo mucho tiempo, otra
mayor señal de Piedad, pues Eneas no sacó sino a su padre, y éstos a su padre y
a su madre, y si Eneas era dicho hijo de Venus, Sexto era dicho de Netuno, por
mucho mayor señor tenido que no Venus, diosa de los deleites y vicios. [...]
Las dos estatuas de los Sicilianos se veen también en medallas de los de
Catania, la de Eneas con Anchises en medallas de César y en las de Marco
Herenio” [23].
Lo
cierto es que pudieron existir anécdotas similares. Jean Tixier [24], acerca del amor de los
hijos a los padres, da noticia del episodio de los hermanos sicilianos Anfinomo
y Anapio [25], quienes libraron a sus
padres de un incendio acaecido en la ciudad de Catania, provocado por la erupción
del monte Etna, llevándolos sobre sus hombros, leyenda que extrae de Silio
Itálico [26] y de Claudiano [27].
Rafael, estudio para la Sala del Incendio
del vaticano (1514); Aguafuerte de Ugo da Carpi (1518)
Escuela de Marcantonio, según dibujo de
Rafael (Italia, 1517-1528)
En
la literatura simbólica el episodio, como ejemplo máximo de piedad filial,
aparece ya en los Emblemas de Alciato,
cuyo epigrama, como tantos otros del autor italiano, está inspirado en la Antología griega [28].
Alciato, Embl. CXCIV, Pietas filiorum in parentes [Augsburgo, 1531; París, 1534]
“Cuando Eneas
llevaba sobre los hombros la dulce carga de su padre para sacarle de la patria
en llamas por entre los enemigos, decía: “Tened consideración: para vosotros no
habrá ninguna recompensa por apresar a un viejo, pero será máxima para mí por
salvar a mi padre” [29].
"Dezía Eneas, quando por consejo
de Héctor con su padre hizo desvío,
Quan poca gloria os es vencer a un viejo
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Alciato,
Embl. CXCIV [Franckfurt, 1566; París, 1584]
Juan
de Orozco y Covarrubias lo recupera en sus Emblemas
morales (III, 11), con el siguiente epigrama en octava real y glosa:
“Por medio de las
llamas animoso
passa la dulce
carga sin rezelo
del viejo padre
ansiado y temeroso.
Eneas lleno de
piadoso zelo
no teme el fuego ni
el furor rabioso
que todo lo
igualava con el suelo,
Y el grande amor le
haze tan valiente
Que donde está
ningún temor consiente.
Es tan conocida la
obligación que los hijos tienen a sus padres que el que faltare a ella no puede
tener excusa, pues los animales la reconocen, y se puede dezir que la enseñan [31]. Y con ser de las cosas
que por deverse tanto no ay necessidad se agradezca la paga, parece también a
Dios y al mundo, que demás de que Dios lo premia, el mundo no lo olvida. Y
aunque sea en historia profana no dexa de ser exemplo lo que tanto celebraron los
Romanos de su Eneas, y de la gran piedad que usó con su padre Anchises
sacándole en sus ombros por medio de la ciudad arruynada sin temer el fuego que
por todas partes le rodeava, y la furia de los enemigos, que ninguna cosa
perdona. Y esto se dize causarlo el amor grande que donde está no consiente
temor alguno, [...]. Y quanto a la historia que en el presente emblema se nos
representa, es bien nos acordemos de lo que el Emperador Antonino hazía con su
suegro, con que ganó el nombre de Pío [32], y lo que hizieron
Amphinemo, y Anapias, que según Estrabón libraron en ombros a sus padres,
quando en Sicilia salieron ríos de fuego del monte Ethna, y añade Séneca [33], que la piedad destos
mancebos venció el fuego, dando lugar la llama a que passassen por medio della,
de lo qual hizieron mención, Plutarcho, Silio Itálico, y Marcial” [34].
Pedro
Díaz, comentando a Séneca, y Antonio de Obregón, sobre Petrarca:
“A los padres, farás piedad; a los parientes,
amor; a los amigos, fe; a todos generalmente, ygualdad. Según dize una ley
cevil, Los hombres según disposición de la ley natural, son deudores a Dios y a
los hombres. Y esta deuda que a cada uno se deve, depártese por diversos
nombres, ca a Dios devemos religión, según dize Tulio en el ii libro de la Rethórica vieja. A los padres, por la
naturaleza que dellos recibimos en el engendramiento, y el trabajo que con nos
ovieron en nos criar, devemos el oficio de piedad. E por tanto por la gran
piedad que Eneas ovo con Anchises su padre, al tiempo que lo sacó en sus
hombros del fuego de Troya (según pone Virgilio en el segundo de las Eneydas) nombran a Eneas por apellido, El piadoso Eneas” [35].
“Exortó y amonestó
Virgilio los hijos a la obediencia paterna, quando introduxo Eneas hablar a
Anchises de la destrución de Troya diziendo: Ergo age care pater cervici imponere nostre, ipse subibo humeris, neque
me labor iste gravabit. [...]. Dize, muy amado padre poneos encima de mis
ombros, que yo os sacaré fuera de peligro sin sentir en ello trabajo, y lo que
fuere de vos será de mí” [36].
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Jacopo Caraglio (Italia, 1520-1539) según los diseños de los frescos que Rafael pintó en 1514 en el Vaticano. En la inscripción que acompaña se lee: “Queste colvi che a Troia il padre Anchise trasse del foco, et doppo longo errore sotto la ripa Antandra aposar mise”.
Mal
Lara se inspira en la hazaña de los héroes sicilianos para un episodio de su
hoy perdida Symphorosa [37], apoyándose igualmente en el episodio de Eneas y Anquises para
glosar el refrán “Hijo eres y padre serás. Qual hizieres, tal avrás”, en
relación a la piedad filial, citando como fuentes a Virgilio, Eliano y Alciato,
a quien traduce en octava real:
“Lo mismo cuenta
Virgilio del capitán Eneas. Entre las mayores hazañas que d´él cuenta, es aver
sacado a su padre Anchises en los hombros por medio las llamas y matança de los
griegos, y esto se verá al fin del segundo de la Eneida. Y la causa porque siempre fue su remombre de pío, que es
amor de Dios y de sus padres, fue ésta, y cuéntala Eliano, en el 3º libro de su
Varia historia.
Que como el Ilio de
Troya fue tomado por los griegos, teniendo lástimas de las miserias de los
capitanes, mandaron pregonar que cada uno de los ciudadanos libres llevassen
una cosa de lo que ellos por bien tuviessen. Dízese que Eneas, despreciando
quanto avía, demandó sus dioses, que eran ciertas imágines. Los griegos,
maravillándose con gran plazer de tan gran religión de hombre, prometiéronle
más, que tomasse de sus possesiones una de las cosas que él más quisiesse. Toma
entonces a cuestas a su padre viejo en los hombros, y assí se iva. Los griegos,
espantados d´ello sobremanera, dexáronle toda su hazienda, sin quitarle cosa,
confessando que los que tienen reverencia a Dios y que tienen piedad con los
hombres, y los que tienen la misma cuenta con sus padres, que no es possible
que aun a los naturalmente enemigos no los torne mansos y justos para bolver
por ellos. Aunque esto va algo diferente de Virgilio [38], pero en quanto a lo que
conviene a los padres, en ambas partes conforme, pues queda Eneas por
verdaderamente bueno por aquella hazaña que usó con su padre.
D´esto ay un
emblema en Alciato, que sacó del Libro I de las Epigrammas griegas, en el título “Del amor de los padres”, la qual trasladó
también el poeta Marulo, Libro 3º:
Por medio de los
griegos, el troyano
Eneas a su padre en
ombros lleva;
Buela con tan suave
carga ufano.
“Ninguno contra mí
–dize- se mueva.
Quitarme un viejo
hecho es muy liviano;
Librar mi padre es
gloria alta y nueva.
Dexá vuestra
ganancia baxa y poca,
Pues la mía a los
mismos cielos toca.
Y cuenta Appiano
Alexandrino, en el Libro 4º de las Guerras
civiles [39], de su hijo de Oppio, el qual fue
encartado entre los otros, y siendo muy viejo y no queriendo huir, desesperado
por la vejez, el hijo lo sacó en ombros fuera de Roma y de aý vino con él a
Sicilia, llevándolo a vezes de la mano, a vezes a cuestas, no lo sospechando
alguno quién fuesse, ni dándole pesadumbre, como se pinta Eneas que llevava a
su padre, siendo reverenciado aun de los enemigos. El pueblo romano después,
porque fue piadoso con su padre, [...] y de común consentimiento le ayudaron
todos con su trabajo” [40].
Gerónimo
Campos alaba la piedad como la más alta de las virtudes, y en igual
consideración la trara Gerónimo de Huerta, que en su glosa sobre la piedad,
sigue el relato de Séneca acerca de los piadosos hijos sicilianos, ante cuyos
pasos se apartaba milagrosamente el fuego:
“[...] la piedad y
religión, son las virtudes que cierran todas las otras. La piedad acerca del
próximo, la religión acerca de Dios. Eneas aunque gentil, libró los Dioses y a
su padre del fuego que quemava a Troya” [41].
“Es la piedad [...]
una virtud tan excelente y tan noble que como fundamento de las demás virtudes,
merece la primera y más digna loa. Ésta sin duda alguna es tan poderosa, que
haze por su valor que la respecte el cielo, y que no aya violencia que pueda
ofenderla en la tierra. Y no solamente confiessan esta verdad los fieles pero
los Gentiles la tuvieron siempre por cierta. Y assí escrive Aristóteles en el
libro De mundo, que los fuegos y
encendidas llamas, unas vezes cayendo de lo alto del cielo (como sucedió en
tiempo de Faetón) abrasaron las regiones hazia el Occidente, y otras subiendo
del centro de la tierra hizieron lo mesmo, como vemos en el monte Ethna, el
qual abriendo sus bocas, suele arrojar llamaradas y piedras muy encendidas, y
siempre en este peligro, el linage piadoso de los hombres (al qual respecta
mucho la Deidad eterna) ha cogido el fructo de su piedad, quedando libres sin
recebir daño alguno del ímpetu deste fuego, por aver sustentado a sus padres en
la vejez enferma y cansada, y traýdolos sobre sus ombros. Hase visto (dize)
salir delante dellos una llama como un río de fuego, y dividirse, abrasando por
una y por otra parte quanto topava delante, y quedar en medio los mancebos
juntamente con sus padres sin recebir daño alguno. [...] No fue digna de menor
loa la piedad de Eneas, quando por medio de las llamas del grande incendio de
Troya sacó a su padre en los ombros, sin temor de perder la vida” [42].
Anónimo italiano según dibujo de Rafael
(1530-1560)
Eneas,
llevando a hombros a su padre, es ejemplo máximo de piedad filial, y como tal
este arquetipo simbólico será utilizado abundantemente en la literatura
religiosa de finales del siglo XVI. Antonio Acevedo lo citará como uno “De
muchos exemplos de la piedad humana”; Marco Antonio de Camos lo trae junto al
episodio de los dos hermanos sicilianos arriba mencionados:
“Desta materia ay
en Historiades inumerables exemplos. Sabélico [43] trae de muchos hijos que
mostraron una estraña piedad con sus proprios padres, y atravessándose peligro
proprio, para exemplo de los siglos. Aquel tan celebrado Eneas después de
salteada, y abrasada aquella famosa Troya, cargose de una muy dulce carga, y tomó
en sus hombros a su querido padre llamado Anquises, y le sacó por medio de las
llamas, rompiendo por medio de aquellos crueles Griegos, hasta que llegó al
monte Yda. El qual como dize Veri. Temía más perder la carga que llevava, que
perder su propria vida, y que ser privado de su cara muger, y amado hijo que le
seguían” [44].
“Y como aquello que
de Eneas se quenta que en el incendio de la famosa Troya passó por las llamas y
encendidas ascuas al decrépito padre, librándole de ellos. Preguntado, cómo
aventuró su vida, por la inútil de su viejo padre? Respondió, qué cosa aura que
piedad no vença?. Esta mesma se pondera en los hijos que con ygual affecto pío,
libraron a sus padres, cargándoles sobre sí, quando el fuego del monte Ethna en
Sicilia, hizo en los lugares comarcanos tan grande daño y estrago” [45].
Grabado de Adamo Scultori según un dibujo perdido de Giulio Romano
(Italia, 1547-1587)
La
piedad de Eneas sirvió igualmente como modelo de conducta y espejo donde el rey
debía mirarse. Juan de Mena, alabando la figura del rey Juan II de Castilla, lo
define como “Hijo de Anchises, en ser piadoso”, verso que Fernán Núñez glosará
oportunamente:
“Yguálalo en la
virtud de piedad con Eneas el Troyano, hijo de Anchises y de Venus, según
escrive el heróyco poeta Virgilio, del qual hizo doze libros llamados Eneida, A este Eneas principalmente es
atribuida la piedad por dos causas. La una que sacó del encendimiento de la
ciudad de Troya a su padre Anchises sobre el hombro, y a su hijo Ascanio por la
mano; la otra que sacó del mesmo fuego las estatuas de los dioses Troyanos, y
las levó a Roma, las quales los Romanos tuvieron siempre en mucho acatamiento, y
assí dixo el mismo de sí en Virgilio: Sum
pius Aeneas raptos qui ex hoste penates Classe veho mecum, fama super aetherae
notus. Y en muchos otros lugares está escripta la piedad de Eneas” [46].
En
el mismo sentido, Juan Cristóbal Calvete de Estrella da noticia de una estatua
de Eneas erigida en Mons en Henao en honor del príncipe Felipe:
“Más adelante en la
calle de palacio estava sobre un pedestal la estatua d´el piadoso Eneas armado
de una piel de león, que llevava sobre sus fuertes ombros a su padre Anchises,
y llevando de la mano al niño Julio Ascanio su hijo. Los versos dezían. Eneas sacó sobre sus ombros a su padre de
medio de los enemigos, y de su patria que ardía. Vos alto Príncipe Don Phelippe
con ygual piedad daréys honrra y ayuda a la vejez de vuestro Padre” [47].
Pero
no solo en el ámbito hispano encontramos estas referencias. Michael Steinmayr
dedicará el emblema de Eneas, con el mote “Patri et Patriae” (“Padre y Patria”),
a Welf II [48], duque de Baviera entre
1101 y 1120, por su actitud pacífica mostrada durante la Controversia de las
Investiduras, apoyando al rey Enrique V, pero sin participar en acciones
bélicas contra el papa de Roma, actuando como Eneas, que salvó a su padre y salvó
su patria (esto es, su estirpe, fundando un nuevo Imperio).
Izq.: Michael Steinmayr, Ain und
sechtzig Königen und Hertzogen auss Bayern Bildnussen (Munchen, 1655).
Der.: Marca del impresor Sébastien Nivelle (París, 1555)
Y
así, por concluir esta breve referencia a los “espejos de príncipes”, citemos
la Philosophía moral de príncipes de Juan
de Torres, donde refiere, dentro del libro cuarto, “de la Obediencia paternal”,
varios ejemplos de hijos que tuvieron
particular reverencia y piedad con sus padres:
“Tratando pues de aqueste punto con los Gentiles, en
especial Romanos, luego nos ponen ante los ojos la piedad que descubrió Eneas
con su padre Anchises [49], para cuyo encarecimiento
le faltan palabras al famoso Poeta Virgilio [50], llamándole a boca llena
piadoso, pues viendo abrasar a Troya le sacó en los ombros, no temiendo ni la
furia de las llamas, ni el trabajo de la empresa, ni la sobervia de los
enemigos victoriosos [51], porque la piadosa carga
que llevava le servía de salvoconducto para todo. Mas porque algunos [52] no solo ponen duda en
esto, sino que escriven cosas muy contrarias a su autoridad, notándole de
traydor, que junto con otros vendió a su patria [53], en cuya averiguación yo
no me quiero meter por el presente, digo, que si en esto ay sospecha, no cabe
en lo que Rhodigino [54]
y otros refieren de aquellos mancebos Sicilianos llamados Amphinomo y Anapias,
que libraron a sus padres en los ombros, quando en Sicilia el monte Ethna
vomitó tales ríos de fuego, que abrassavan los campos y las ciudades por do
passavan. Considerando Séneca [55] obra tan maravillosa,
dize, que es de creer, viendo el fuego esta heróyca hazaña les dio franco
passage por medio de sus llamas, ayudando de su parte y aprobando reverencia
tan digna de memoria. Pero esto que puso en alguna duda el Philósopho Cordovés,
affirma Aristóteles [56]
por cosa no solo creýble sino muy cierta y verdadera, diziendo: Ab impetuillesi relicti sunt, quoniam
parentes senectute affectos humeris gestassent suis, illosque incolumes
praestitissent. [...]” [57].
Símbolos
arquetípicos de piedad filial fueron, como ya hemos visto, Eneas y Anquises y
la Caridad Romana, pero también la
cigüeña y, en el ámbito bíblico, el episodio del joven Tobías, que regresará a su
casa para curar la ceguera de su padre anciano [58]. En 1555 el impresor
parisino Sébastien Nivelle elaboraría una compleja marca personal para el
adorno de las portadas de los libros que salían de sus talleres de la Enseña de
las Cigüeñas, acompañada por el lema Honora
patrem tuum et matrem tuam, ut sis longaevus super terram [59]. Nivelle recogió en una compleja
unidad pictórica, como vemos más arriba, las cinco escenas más representativas
de la piedad filial, enmarcadas en otros tantos rebordes circulares, y que
representan, de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha, el episodio de
Tobías, acompañado por el arcángel Rafael; Eneas transportando en hombros a su
padre, dejando atrás una Troya en llamas; una cigüeña joven que lleva sobre su
lomo a su anciano padre, al que alimenta, en la escena central de la marca; y
las representaciones de las dos versiones de la Caridad Romana, esto es, la
joven que da el pecho a su madre, y a su padre.
[1] Pierre Grimal, Diccionario de mitología griega y romana [2008:
156]
[2] Homero, Ilíada, XX, 300-325. En otras versiones
(Trifiodoro, La toma de Ilión, 650),
ante la masacre del pueblo troyano, Eneas y Anquises fueron salvados por la
diosa Afrodita, quien los transportó a Italia, cumpliéndose así la voluntad de
los dioses. Ver Trifiodoro [1987: 270].
[3] Pequeña Ilíada, fr. 19A y 21. Ver
Lesques, en FEG [1999: 178-179] =
Escolio a Licofrón, 1232 y 1268.
[4] Dionisio de
Halicarnaso, Arqueología Romana, I,
68, 2. = Arctino, El saco de Troya, fr.
1. Ver Arctino, en FEG [1999: 190].
[5] La relación de
Eneas con Italia no se testimonia de forma directa hasta Helánico de Lesbos, en
el siglo V a.C., siendo desarrollada más extensamente, a partir del siglo III
a.C., por Gneo Nevio, Quinto Ennio, Quinto Fabio Píctor y, posteriormente, por
Tito Livio, convirtiéndose en el gran mito nacional de la fundación de Roma de
la mano de Virgilio. V. J. Perret, Les
origines de la légende troyenne de Rome (París, 1942); F. Bomer, Rome und Troia (Baden-Baden, 1951).
[6] Licofrón, Alejandra, 1261-1272. Ver Licofrón
[1987: 137-138]. “Y, después de erigir un templo para Atenea, establecerá en él
las imágenes de sus Penates familiares, que habrá traído desde Troya, dándoles
más importancia que a su propia esposa, a sus hijos y a todos sus bienes; pues,
cuando los Helenes estén repartiéndose el botín y permitan a Eneas que salve
uno solo de sus tesoros, elegirá los Penates, que envolverá cuidadosamente
entre sus vestiduras. Lo cual acrecerá la fama de su piedad; y en Italia
fundará la poderosa nación romana” (Tzetzes, Sobre Licofrón, loc. cit.).
[7] Tito Livio, I, 1.
Ver Tito Livio [2000: 8]
[8] Apolodoro, Epítome, V, 21. Ver Apolodoro [2004:
217-218]
[9] Virgilio, Eneida, II, 704-722. Ver Virgilio [2000:
65-66]
[10] Higinio, Fábula 254. Ver Higinio [1997: 191]
[11] Contra Leócrates, 95: “Permítanme un ejemplo. Hay una historia, -cuento, pienso que mitad leyenda, aunque será, para los más jóvenes entre vosotros, agradable de escuchar- que en Sicilia, el estallido del Etna formó un río de fuego. Esta corriente, según cuenta la historia, fluyó sobre el campo, acercándose a las proximidades de una ciudad ciciliana. La mayoría de sus habitantes, pensando en su propia seguridad, salieron corriendo; pero uno de los más jóvenes, al ver que su padre, ya avanzado en años, no podía escapar y estaba siendo alcanzado por el fuego, lo levantó y lo llevó a cuestas”. Cfr. Lycurgus. Minor Attic Orators, vol.2 [Londres, 1962]
[12] Séneca, De beneficiis, III, 36-37, traducido por Pedro Fernández Navarrete [1620: 84]. El cuento aparecerá, tal vez como espúreo, en el libro De mundo (VI, 400b) de Aristóteles, en términos similares a la narración de Séneca.
[13] La llamada “Eneida” de las Metamorfosis ha dado lugar a todo tipo de estudios sobre si hay confrontación o no con Virgilio. Entre otros estudios, F.J. Miller (1927), R. Lamacchia (1960 y 1969), M. Stitz (1962), S. Dopp (1968), G.K. Galinsky (1976), J.D. Ellsworth (1986) y J.B. Solodow (1988). Lo más probable es que Ovidio no quisiera rivalizar o copiar al mantuano, pero en su obra no podía prescindir de una leyenda como la de Eneas.
[14] Cinegético, I, 15.
[15] Con la que pretende conciliar sus dos grandes amores: Roma, su patria, y Grecia, su mundo cultural.
[16] Ovidio, Metamorfosis, XIII, 623-631. Ver Ovidio [2004: 688-689]
[17] Eliano, Historias curiosas, III, 22. Ver Eliano [2006: 112-113]
[18] Rafael (1514); D. Beccafumi (c. 1520); F. Barocci (1586); E. Elsheimer (c. 1602); G. L. Bernini (1618)
[19] Guillaume Du Choul, Los discursos de la religión [1579: 136]
[20] El cónsul Marco Annio Vero, con cuya hija, Faustina la Mayor, estaba casado.
[21] Juan de Orozco y Covarrubias, Emblemas morales, I, 10 [1589: 44]
[22] Ripa, Iconología, “Piedad de los Hijos para con el Padre”. Ver Ripa [2002: II, 208-209]
[23] Antonio Agustín, Diálogo de medallas, inscriciones y otras antigüedades, II, “Pietas” [1587: 38-40]
[24] Officina [1520: 349v]
[25] Valerio Máximo, V, 24. “Anfinomo, y Anapo [...] llevaron a su padre, y madre en los onbros por medio de los fuegos del monte Etna”. Valero Máximo [1631: 114]
[26] Punica, XIV: “[]... tum Catane, nimium ardenti uicina Typhoeo et generasse pios quondam celeberrima fratres, et cui non licitum fatis, Camarina, moueri”.
[27] Epigramas, “De los hermanos piadosos y sus estatuas en Catania”. “Complexi manibus fultos cervice parentes, Attollant vultus, accelerentque gradus. [...] Quod si notus amor provexit in astra Lacones. Aeneam Phrygio raptus ab igne pater. [...] Cur non Amphinomo, cur non tibi fortis Onapi, Aeternum Siculus templa dicavit honos?”. Claudiano, Opera [1534: E4]
[28] Epigrama de autor desconocido, fue traducido por el humanista griego Michele Marullo, e incluido en su Hymni et epigrammata Marulli (Florencia, 1497): “Cum ferret medios proles Cytheraea per hostes / Impositi collo languida membra patris, / Parcite, ait, Danai, levis est sene gloria rapto. / At non erepto gloria patre levis”. Ver Marulli [1509: 169]. Cfr. también la compilación de Johannes Soter, Epigrammata Graeca veterum elegantissima, eademque latina [1528: 138-139].
[29] Alciato, Embl. CXCIV. Ver Alciato [1983: 238]. “Per medios hosteis patriae cùm ferret ab igne / Aeneas humeris dulce parentis onus: / Parcite dicebat, vobis sene adorea rapto / Nulla erit, erepto sed patre summa mihi”.
[30] Bernardino Daza, Los Emblemas de Alciato [1549: 96]
[31] [De ciconia et Merope. Aristot. lib. 9, de histo. anima. c, 23.]. v. Aristóteles, HA, 615b.
[32] [Julio Capitolino y otros]
[33] [Séneca lib. 3, de beneficiis]
[34] Juan de Horozco y Covarrubias, Emblemas morales, III, 11 [1589: 123v-124v]
[35] Pedro Díaz, Proverbios y Sentencias de L. A. Séneca, CCLXXXI [1552: 111v]
[36] Antonio de Obregón. Los Triumphos de Petrarca, “Triumpho de la fama”, III [1541: 123v]
[37] “Los hijos, de piedad alta inflamados, / por salvar a los dos van presurosos: / el uno en la cabeça alça a su padre, / el otro puso en hombros a su madre”. Mal Lara, Philosophía vulgar, VII, 2. Ver Mal Lara [2013: 1026]
[38] Ya que Mal Lara toma la versión de Eliano. v. supra.
[39] Apiano, Historia romana, Guerras civiles, IV, 41. Ver Apiano [1985: 140]
[40] Mal Lara, loc. cit [2013: 1027-1029]
[41] Gerónimo Campos, Sylva de varias questiones naturales y morales, II, 18 [1587: 139]
[42] Gerónimo de Huerta, Tradución de los libros de Cayo Plinio Segundo, VII, 36. Ver Huerta [1599: 78v-79]
[43] [Sabel. li. 3]
[44] Antonio Acevedo, Catecismo de los misterios de la fe, XIII [1589: 177v]
[45] Marco Antonio de Camos, Microcosmia y govierno universal del hombre, II, 8 [1592: 98]
[46] Juan de Mena, Las Trezientas, “Copla añadida” XIII [1552: 585]
[47] Calvete de Estrella, El felicíssimo viaje, III, “Mons en Henao” [1552: 211v]
[48] Welf el Gordo (1072-1120), hijo mayor de Welf I y de su mujer, Judith de Flandes. En 1089 casó con Matilda de Toscania, 26 años menor que él, con el fin de fortalecer la relación entre su familia y el papa, en el seno de la Controversia de las Investiduras, luchando contra el rey Enrique IV en la campaña de Italia de 1090. Pero Matilda, en secreto y antes de su matrimonio, había legado todos sus bienes a la iglesia, circunstancia por la que Welf la dejó en 1095 y, junto con su padre, cambió de bando en apoyo del rey, alianza que mantuvo cuando heredó el ducado y reeditó con Enrique V.
[49] [Aelian. lib. 3. De varia hist.]
[50] [Virg. li. 1 & 3, Aeneid.]
[51] [Marulus Poeta, lib. 3.]
[52] [Carol. Step. verb. Aeneas; Volater. li. 13 Antropo.]
[53] [Virg. lib. de Ethna.]
[54] [Rhodig. li. 2, cap.17.]
[55] [Senec., li. 3. De benef.., c. 37.]
[56] [Ari. li. de mundo ad Alex.]
[57] Juan de Torres, Philosophía moral de Príncipes, I, IV, 7 [1596: 232-233]
[58] Tobías, 11, 7-15.
[59] Éxodo, 20, 12. “Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largos años en la tierra que Yavé, tu Dios, te da”.